EL KEYNESIANISMO EN ESTAS PLAYAS
Escrito por Enrique Mario Martinez en Equidad, Notas de E.M. MartínezEL KEYNESIANISMO EN ESTAS PLAYAS
Cuando llegan las épocas de freno de la actividad económica, sea el país que sea, los economistas más proclives a buscar soluciones de utilidad popular, apelan a la macro receta que Lord Keynes concibió y batalló hace ya 80 años.
El núcleo de la tesis es:
Por razones diversas, se produce una pérdida de la propensión a consumir y/o a invertir en una sociedad, lo cual genera una espiral descendente de demanda, con problemas para todos y en especial para los que menos tienen o para quienes solo tienen su fuerza de trabajo, ya que uno de los subproductos más inmediatos es el aumento de la desocupación.
En tal escenario, el Estado es quien puede y debe recuperar la dinámica de la economía, aumentando el gasto público o subsidiando inversiones privadas, de modo de inyectar circulante en la rueda, para que vuelva a moverse.
Ese el ultra resumen de la cuestión.
Los economistas del mundo central mas militantes con esta concepción, como Paul Krugman, hoy están librando una pelea contra las tesis conservadoras, tanto estadounidenses como europeas, que cuestionan el keynesianismo, sea porque creen que solo desplaza actividad privada o porque tendría efectos inflacionarios o porque cargaría de deuda al Estado u otras razones habitualmente esgrimidas.
No es el lugar para meterse en esa disputa a fondo, pero para los fines de este documento, admitamos que nuestro corazón y nuestra razón están mucho más cerca de las opiniones de Krugman que de sus adversarios. Para el mundo central, que es donde este debate se plantea.
Traslademos el tema a la Argentina, porque hay algunas diferencias importantes.
1 – Ni Krugman, ni Keynes en su momento, le dan importancia a una mala distribución del ingreso, como causa de la pérdida de dinamismo de la economía.
Tanto para el Norte como para el Sur, esta omisión parece un error de la teoría. Lo que es concreto es que en países como el nuestro, los resultados de la economía se distribuyen de manera muy desigual. De tal modo, las principales decisiones sobre inversión se concentran en pocas manos. Es cierto que una vez que un pequeño grupo muy relevante frena su actividad, su efecto se traslada a una fracción importante del resto de la comunidad, los que pueden decidir si consumen o invierten, los que están por encima del nivel subsistencia. Pero esa concentración de poder habilita causas de crisis diferentes de las habituales en el mundo central, que tienen que ver con la capacidad destructora de riqueza del capitalismo, como en la burbuja inmobiliaria o las anteriores de acciones informáticas o bancos de ahorro y préstamo o similares.
2 – A la concentración se le puede asignar una responsabilidad muy fuerte en la tasa de inflación. Es a través del aumento de precios que las grandes corporaciones argentinas se han apropiado de buena parte de la recuperación de capacidad de consumo decidida por el gobierno desde 2003, sea por paritarias sin techo o por los diversos programas de apoyo social.
3 – Una tasa de inflación alta complica la economía por varias razones pero hay una en especial que interesa en este análisis: Ante la falta de estructuras oficiales o privadas que incentiven la inversión pasiva con razonable grado de seguridad, los sectores medios y parte de las empresas pequeñas salen de los bancos, y trasladan sus excedentes a dólares, como refugio de valor histórico. Cuando la Argentina crece fuerte, como en los años pasados, también lo hacen los excedentes mencionados y luego de cubrir un incremento de consumo con ellos, se aumenta el colchón de dólares. Esto reduce automáticamente la capacidad de inversión nacional y es un motivo más de promoción de la crisis, distinto a los del mundo central.
4 – Si en la economía tienen alta importancia las empresas extranjeras, la cuenta inversión es negativa, por el giro de utilidades al exterior. Tanto más negativa cuanto más crecimiento acumula la economía, hasta que ese giro se convierte en una freno a la expansión.
Como es lógico, esto es exactamente lo opuesto de lo que sucede en el mundo central donde los giros de filiales en el exterior aumentan la masa de capital disponible para invertir.
Con todo lo dicho, aparecen limitantes que deben ser consideradas cuando se aplican conceptos keynesianos en un país como Argentina.
Simplificando, al solo título de usar ejemplos concretos: Si se promueve un plan de viviendas como el ProCreAr, se trata de una iniciativa contra cíclica clásica y además de justicia social. Bárbaro.
Pero si el acero necesario lo provee una sola empresa, que invierte su ganancia en Méjico o Brasil; si la carpintería de aluminio también la provee una sola empresa que invierte su ganancia en un paraíso fiscal del exterior; si los productores de ladrillo pasan a ganar buena plata y la guardan en dólares; la reactivación buscada se ha de reducir notablemente.
Para ser keynesianos en nuestro país, además debemos encontrar la manera de:
a) Evitar que un pequeño grupo de empresas se apropie de los aumentos salariales vía inflación. Hay que controlar los precios como manera de bajar la inflación, hecho imprescindible.
b) Definir opciones inversoras para todos los sectores medios o medios altos, que los hagan socios de emprendimientos productivos importantes. Por ejemplo: 25% de la empresa de potasio prevista en Malargüe, como caso modelo que sería interesante probar. Como decisión estructural, se debería crear una Corporación Industrial Nacional, que tome inversiones populares amplias.
c) Desconcentrar la producción de bienes esenciales a través de promover nuevos actores y asignarles espacios de mercado concretos.
d) Limitar el giro de utilidades de empresas extranjeras a una fracción de las ganancias, estableciendo la obligación de destinar el resto a inversiones en sociedad con el Estado o con capital accionario abierto en la Bolsa.
Cumplidas esas condiciones y alguna más complementaria, podremos estar más tranquilos de que la lógica keynesiana funcionará en el país y no será solo una copia incompleta de una propuesta para el mundo desarrollado.
Emm/21.7.12
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Una cosita o mejor sería quizá una perla cultivada: -Se habla mucho de los dólares y de su significancia, entonces pregunto, porqué desde hace muchos años, más del 85% de los depósitos en nuestro sistema financiero está en moneda nacional y menos del 15% en moneda extranjera.
Enrique,
Mis reacciones ante su artículo:
1) No es cierto que Keynes (y Krugman) no le hayan dado importancia a la cuestión de la distribución del ingreso y sus efectos en la dinámica económica. Keynes hablaba del tema en su obra más popular en 1936.
2) Lo que aumenta la inversión en un país es algo multi-causal. Desde un punto de vista keynesiano, lo que más conduce a la inversión es el crecimiento.
3) Coincido con su visión de “desconcetrar” la economía y de abrir canales para la inversión que sean más productivas que guardar dólares en un colchón, y no para que la correa de transmisión keynesiana sea más aceiatada (o no simplemente) sino para tener un sistema productivo mejor.
4) Coincido en que, dadas las diferencias con las economías desarrolladas, las mejores recetas para allá, no son las mejores receras para acá.
Saludos!
Agradezco el comentario sobre Keynes e indirectamente sobre Krugman, porque ayuda a suavizar cierta tendencia que tengo a hacer afirmaciones demasiado categóricas. Lo que quise señalar – y reitero – que no está en el centro de sus tesis, como si lo está la insuficiencia global de la demanda agregada. Por eso la propuesta primaria pasa por aumentar la inversión pública y no le da la misma jerarquía a posibles aumentos de salarios masivos, por ejemplo. Es un problema de orden de importancia.
Esta tesis tiene un punto muy flojo. Y es que la Argentina no es el país de distribución más desigual del ingreso (diría que en eso estamos intermedios), ni el de estructura más concentrada.
Si la inflación y otros procesos citados, como una supuesta inercia antikeynesiana, dependen de algun factor peculiar de la Argentina, no es ninguno de los dos citados (concentración y mala dist del ingreso).
Por eso es absurda la tesis de origen de la inflación del punto 2.
Deja de ser un punto flojo o singular si se agrega a una mala distribución del ingreso – cierto que no la peor – y una estructura concentrada – no la más concentrada -, una política de estado de bienestar muy fuerte. Aquí tal vez si estemos ante el mayor esfuerzo en Latinoamérica. Eso potencia la apropiación de renta por parte de los sectores concentrados via inflación, ya que no solo tienen poder relativo, sino que además tienen seguridad de que sus consumidores tendrán dinero en los bolsillos que crecerá nominalmente según una pauta definida.
La combinación de esos tres factores – creo – le da sentido a lo que digo en el punto 2.
Es más fácil suponer que existe una estimulación de la demanda, vía emisión, gasto público y salarios, que tuvo un buen resultado cuando había capacidad ociosa, y que generó inflación cuando superó la capacidad de incrementar la oferta. Un desfasaje entre demanda e inversión.
Entonces si queremos mantener infladas a full las velas de la demanda, debemos promover la inversión, si mi hipótesis es correcta, o controlar férreamente los precios, si su tesis es la correcta. Es una decisión importante, casi dicotómica, porque normalmente los controles de precios no son un estímulo a la inversión, ni estimulan la generación de oferta. O un camino u otro, y eso depende de cuál sea el diagnóstico. Si se usa el suyo, y el otro es el correcto, los efectos perjudiciales se irán acumulando, después caemos en la tentación de usar al Tc como ancla, lo que da resultados mediocres porque simultáneamente se restringen importaciones. Y quedamos encerrados tras un mal diagnóstico.
Por otro lado, si el diagnóstico suyo es correcto, solo queda el remedio de profundizar el control de precios a medida que vemos que no esta dando resultado, y abandonar las medidas monetarias y cambiarias. Hasta qué punto?
Hace tiempo esperaba que miembros de esta red se prendieran en debates de buena fe y me alegra que se haya dado.
Como es imaginable la cuestión tiene varias facetas y se puede extender el análisis enormemente.
Insumos básicos como acero o aluminio se exportan mucho más que lo que se consumen aquí, por lo que no es sostenible que haya presión de demanda. Hay estudios de hace tiempo, el más serio de Hector Valle, hoy flamante director de YPF, que muestran que cuando hay presión a la baja del mercado internacional, las empresas aumentan el precio interno, generando así una rentabilidad compensatoria. Son monopolios y su conducta es previsible.
En el otro extremo, la combinación de un pequeño grupo de grandes empresas – lacteos, pollos – con otro pequeño grupo de grandes comercializadores, les deja las manos libres para definir precio y renta. Un ejemplo: La harina está más cara con respecto al trigo que la media histórica, pero no mucho. En todo caso, cuesta lo mismo en todo el país. Sin embargo, en Formosa el pan cuesta la mitad que en Buenos Aires. Tiene dos explicaciones: a) No hay forma de exprimir demasiado a consumidores pobres; b) Por lo mismo, allá es casi inexistente la oferta de pan especial envasado,- producido por un oligopolio – que es mucho más caro que el pan común y en BA permite a las panaderías colarse debajo con altísimas rentabilidades.
Estas imperfecciones de mercado exigen control. Se que es la parte más dificil y por lo tanto más debil de mi propuesta, pero a la vez creo que es inexorable.
En cuanto a la necesidad de invertir para expandir la oferta, creo que es un requisito permanente, pero debería promoverse de un modo que aumente la competencia en los sectores donde ello puede suceder. Otro ejemplo: Si el gobernador del Chaco quiere producir pollos en su Provincia y hace un gran acuerdo casi de cesión de mercado con Granja Tres Arroyos estamos en el horno.
Como se ve, lo mio no es dicotómico. Creo en la necesidad de control y de mayor inversión. Solo que en ambos casos creo que se necesita un Estado inteligente y con gran vocación de servicio. Si no está, tenemos problemas.
El hecho de que el control y la inversión tienen la misma relación que erotismo y castidad, son prácticamente incompatibles, salvo algunos equilibrios muy fugaces e inestables.
La solución es la generación de competencia, incluyendo intervención estatal en su promoción y desarrollo. En el pan, por ejemplo, la habilitación de panaderías en todas las ferias comunitarias, autorización de pan francés envasado en los chinos (en muchos lugares esta prohibido). En una panadería de capital, el alquiler incide el triple que la harina.
Yo creo que ante una economía tan concentrada se necesita urgente realizar control de precio y al mismo tiempo promover la inversión al efecto de haya mayor oferta. O sea el control de precios al corto plazo (no para siempre) y a mediano plazo incentivar, por medio de las Pymes y/o cooperativas, una mayor producción.
Coincido en que la intervención del Estado como regulador de precios es imprescindible.
Ahora, en el éxito de una estrategia de precios máximos es fundamental el apoyo y compromiso de los consumidores. ¿Cómo evitar que la gente salga en masa a comprar por ejemplo decenas de paquetes de azúcar ante el primer amague de desabastecimiento? (reacción de manual de los actores que monopolizan la oferta del sector).
¿No sería mejor utilizar el poder del Estado para acercar producción (nueva y existente) a los centros de consumo?.
¿Por qué no un “Mercado Central” con precios ahí si regulados en cada localidad del GBA?.
Respecto al aumento de precios o inflación y que, no siendo producidos por costos en alza, tienen por objetivo la apropiación de aumentos salariales: pienso hay ondas/mareas en estas maniobras teñidas de especulación financiera y consiguiente malformación de precios, generadas por parte de empresas que se hallan motivadas por la desmesura en su intención de lucro. Esta es una realidad a mi entender que se hace perceptible para los observadores especializados. Ahora bien, si nuestra sociedad se ha dado una ley de lealtad comercial oportúnamente, porqué no la aplicamos con mayor rigurosidad? Estoy convencido asimismo que la obligación por parte de los comerciantes, so pena de ser sancionada su inobservancia, de exhibir los precios, en punto a la masividad del producto/servicio, es imprescindible, impostergable, etc. De esta forma controlaríamos de cierta forma los precios.
Todo lo que dice es correcto. Es un Análisis por demás interesante para aquellos que estamos iniciandonos en el mundo de lo Político y lo Económico. Gracias. Mi conclusión es, que ninguna Teoría Económica diseñada en el exterior y para Países Desarrollados, funcionará con éxito en los Países Periféricos, si es que, éstos últimos, no tienen en cuenta sus diferencias y particularidades, respecto de lo Económico claro está.